lunes, 24 de septiembre de 2012

San Pacho

Jamás se me va a olvidar su textura, toda friita y suave-dura. Cómo respiraba, cómo se veía el esfuerzo en sus ojos ya llenos de arena y lágrimas que no alcanzaban a hidratar sus cuencas en ése árido ambiente, toda ella contra su mismo caparazón pesado para lograr su objetivo de dar vida y continuar su especie. Cómo se aseguró de dejar bien cubiertos a sus bebés a pesar de su incomodidad y de los curiosos. Buen día de la madre para ella y para mi madre que 24 años antes en ése mismo día me estaba pariendo, y yo que no quería nacer.

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